Amalgama o resina: qué dice la evidencia

Revisado el 2 de septiembre de 2026 y vuelto a contrastar con los registros fuente el día de la publicación. La base de pruebas es una revisión Cochrane de ensayos aleatorizados, una revisión sistemática y metaanálisis de longevidad, un metaanálisis de 2025 limitado a obturaciones complejas multisuperficie, un estudio retrospectivo multicéntrico de 848 empastes posteriores, un análisis de costes y consecuencias, dos encuestas nacionales sobre tendencias de práctica y una revisión toxicológica revisada por pares sobre el vapor de mercurio de la amalgama. Escrito para pacientes que deciden qué pedir y para clínicos que quieren las magnitudes del efecto. No es consejo médico.

Las respuestas cortas

  • En dientes posteriores permanentes, la mejor evidencia comparativa favorece al amalgama en supervivencia: en la revisión Cochrane, los composite de resina tuvieron riesgo significativamente mayor de falla, RR 1,89 (IC 95% 1,52 a 2,35), sobre todo a partir de dos ensayos paralelos con 1.645 restauraciones de resina y 1.365 de amalgama (921 niños); los siete ensayos incluidos fueron calificados con alto riesgo de sesgo y la evidencia, de calidad baja (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067).
  • Una revisión sistemática con metaanálisis que además incluyó cohortes (ocho estudios publicados entre 1992 y 2013, seguimiento mínimo de 12 meses) llegó en la misma dirección: los composite posteriores tienen menor longevidad y más caries secundaria que el amalgama, sin diferencia estadísticamente significativa en fracturas (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).
  • La pregunta de seguridad, tal como la formula la revisión toxicológica: la mayoría de las formulaciones estándar de amalgama contienen aproximadamente 50% de mercurio elemental; se libera vapor de mercurio y se absorbe, y el número de superficies de amalgama se correlaciona con el mercurio urinario; pero los autores «no encontraron evidencia convincente de efectos adversos para la salud atribuibles a las restauraciones de amalgama, más allá de la hipersensibilidad en algunas personas» (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501).
  • Por lo tanto el dilema honesto no es «qué material es seguro». Es un intercambio: una restauración más duradera, más barata de colocar y menos exigente con la humedad, pero plateada y que exige quitar más estructura para retenerla; frente a una restauración estética y adherida, conservadora, pero muy dependiente de la técnica y con más probabilidad de requerir reemplazo.
  • Cambiar un amalgama sano y bien sellado «por seguridad» no está respaldado por estas revisiones. Reemplazar una restauración filtrada, fracturada o con caries secundaria es odontología de sentido común. Si está embarazada o planea retirar amalgamas intactas, eso se conversa con su odontólogo, no se decide en internet.

Qué es cada material, en la práctica

El amalgama es una mezcla: un polvo de aleación (plata, estaño, cobre y, históricamente, zinc) que se tritura con mercurio elemental y endurece formando fases intermetálicas. Al fraguar no queda «mercurio líquido» suelto, pero sí libera pequeñas cantidades de vapor, sobre todo desde la superficie, con picos durante la masticación y de forma transitoria al colocar o retirar la restauración. Sus virtudes son viejas y poco glamorosas: tolera la humedad, se puede colocar en un campo parcialmente aislado, resiste en secciones delgadas y se desgasta a un ritmo parecido al del diente. Sus defectos: necesita una preparación con retención (se quita más diente que con un material adherido), es visible, puede greisar la estructura vecina y puede generar corriente galvánica contra una corona de oro o cobre cercana.

El composite es una resina metacrilato cargada con rellenos que se adhiere al diente mediante un sistema de grabado-adhesivo (o autoacondicionante). Esa adhesión permite preparaciones más conservadoras y permite reconstruir una cúspide rota en vez de solo rellenar un hueco. El precio de esa química es conocido: la interfaz adherida es el eslabón más débil, el campo debe estar seco y aislado, y la sensibilidad a la técnica no es un eslogan, es la razón por la que dos composites idénticos en la foto pueden durar años distintos.

Qué midió exactamente la revisión Cochrane

La pregunta fue estrecha y útil: en dientes posteriores permanentes, ¿qué material falla menos? Se buscaron cinco fuentes, incluidos el registro del Grupo de Salud Oral de Cochrane, MEDLINE, EMBASE y LILACS, sin límites de idioma ni fecha, y se contactó a fabricantes para obtener estudios inéditos. De 2.205 referencias recuperadas se incluyeron siete ensayos (diez artículos) y se excluyó todo seguimiento menor a tres años (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067).

La estructura de la evidencia importa tanto como el número. Dos ensayos fueron de grupos paralelos y aportaron 1.645 restauraciones de composite y 1.365 de amalgama (921 niños); los otros cinco fueron de boca dividida con 1.620 de composite y 570 de amalgama, en un número poco claro de niños. Por «problemas importantes en la presentación de datos» de los ensayos de boca dividida, el análisis primario se apoya en los dos ensayos paralelos (3.265 restauraciones de composite y 1.935 de amalgama). Los siete ensayos tenían alto riesgo de sesgo. El resultado: RR de falla para composite de 1,89 (IC 95% 1,52 a 2,35), con la conclusión de los autores redactada como evidencia de calidad baja.

Dos advertencias al leerlo. Primera: «calidad baja» significa que el efecto real puede apartarse de forma importante de 1,89; no significa que la comparación no sirva ni que el amalgama «gane siempre». Segunda: buena parte de la muestra son niños con dientes primarios o permanentes recién erupcionados, justo el escenario donde el control de humedad castiga al material adherido; y la ventana de búsqueda (hasta fines de 2013) queda antes de una generación entera de composites bulk-fill.

La prueba más específica de que «el composite falla más» es más estrecha de lo que la gente espera. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 limitados a ensayos prospectivos aleatorizados de obturaciones posteriores multisuperficie con al menos tres años de seguimiento y veinte piezas restauradas por material tamizó 6 303 estudios, examinó a fondo 198 y encontró 15 ensayos, de los cuales solo dos comparaban amalgama con composite. Sus datos agrupados mostraron una tendencia a más fallos en composites complejos que no alcanzó significación (p = 0,06), y las causas declaradas diferían por material: caries secundaria, fractura de la restauración y fractura dental en el composite; caries secundaria y fractura dental en la amalgama. La conclusión de sus autores es que la calidad de la evidencia es baja y no basta para proclamar la superioridad de ninguno de los dos (Santos et al., Oper Dent 2025-09-01, PMID 40458903). Un estudio retrospectivo multicéntrico de 2026 sobre 848 obturaciones posteriores en 360 pacientes (seguimiento medio 1,29 años; rango 0,50 a 2,46) añade la visión a corto plazo: éxito clínico y retención comparables, con la fractura y la caries secundaria como modos dominantes de fallo, y la advertencia de que retener una restauración en un control no es lo mismo que su supervivencia (Ülkü et al., BMC Oral Health 2026-04-01, PMID 42032607).

Longevidad, fracaso y retención

La revisión de 2015 amplió el diseño: ensayos aleatorizados, ensayos clínicos controlados y cohortes prospectivas y retrospectivas con al menos 12 meses de seguimiento, comparando restauraciones oclusales y oclusoproximales. De 938 registros en PubMed/MEDLINE, 89 títulos en CENTRAL y 172 en Web of Science, quedaron ocho estudios de 1992 a 2013, todos clasificados como de alta calidad con la herramienta usada. Conclusiones: el composite en dientes posteriores tiene menor longevidad y más caries secundaria; en fracturas, no hubo diferencia estadísticamente significativa entre materiales a los tiempos de seguimiento estudiados (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).

Ese «fracturas, sin diferencia» conviene subrayarlo, porque el miedo del paciente va al revés: mucha gente cree que la resina «rompe el diente». Lo que muestran estas síntesis es que el composite se asocia más a re-intervención (desprendimiento del adhesivo, desgaste de márgenes, caries en el borde), no a fractura catastrófica de la pieza.

La comparación agrupada del riesgo de fallo (13 estudios) no encontró diferencia significativa entre los dos materiales (riesgo relativo 0,96; IC 95% 0,68 a 1,34): con la definición de fallo usada en esos estudios, la diferencia no era estadísticamente detectable (Al-Sulimmani et al., Int Dent J 2025-08-01, PMID 40578032).

Mientras tanto, la práctica ya está cambiando, y no por un hallazgo toxicológico. Una encuesta a 1 265 dentistas en activo de Turquía (2021-2023) encontró que el 50,2% seguía usando amalgama, con un uso concentrado entre quienes tenían más de 11 años de experiencia y en el sector público; las razones declaradas para evitarla fueron la estética, la preferencia del paciente y el contenido de mercurio, y la preocupación por la seguridad biológica se repartía casi a partes iguales entre los dos materiales (Barhan et al., BMC Oral Health 2026-01-01, PMID 41527055). En los datos de una organización de mantenimiento de salud israelí de niños de 12 años tratados entre 2016 y 2022, el uso de amalgama descendió de forma significativa y el composite la sustituyó después de eliminarse las barreras económicas a la rehabilitación (Nassar et al., Biomimetics (Basel) 2025-12-01, PMID 41439902). Conviene llamar a esos dos patrones por su nombre: una transición de materiales impulsada por preferencia, política y precio —la retirada de la Minamata— y no por un daño clínico demostrado (Barhan et al., BMC Oral Health 2026-01-01, PMID 41527055) (Nassar et al., Biomimetics (Basel) 2025-12-01, PMID 41439902).

Mercurio: lo medido y lo no demostrado

El resumen neutral más útil es una revisión toxicológica de 2005 escrita por un panel de toxicólogos para examinar la preocupación pública concreta. Sus hallazgos, en orden: el amalgama es un material con 150 años de uso; la mayoría de las formulaciones estándar contienen cerca de 50% de mercurio elemental; la evidencia experimental «demuestra consistentemente» que se libera vapor y que el cuerpo lo absorbe; numerosos estudios reportan correlación positiva entre el número de restauraciones o superficies de amalgama y la concentración de mercurio en orina en personas sin exposición laboral; los estudios ocupacionales muestran efectos sobre el sistema nervioso y el riñón a niveles de exposición bastante más altos que los de un paciente con empastes —aunque el propio artículo señala que el patrón de exposición difiere (trabajadores: ocho horas diarias durante 20 a 30 años; pacientes: 24 horas al día durante parte de la vida). Su conclusión: no se encontró evidencia convincente de efectos adversos atribuibles al amalgama más allá de la hipersensibilidad en algunas personas (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501).

Dos límites honestos del mismo texto. Uno: los autores describen lagunas de investigación que harían falta para «apoyar o refutar de forma definitiva» la hipótesis, es decir, consideran la pregunta científicamente abierta aunque sin evidencia convincente de daño a las exposiciones medidas. Dos: el tema inmunológico tiene su propia revisión, de 1995, que califica el asunto de controvertido: hay casos descritos de reacciones liquenoides y alergia en personas sensibilizadas junto a estudios que no muestran efecto sistémico (Eneström et al., Int Arch Allergy Immunol 1995-03-01, PMID 7888781). Si usted tiene alergia documentada a metales o una lesión liquenoide junto a una restauración, elegir un material sin amalgama es una decisión clínica razonable, no una teoría de estilo de vida.

Sobre el ambiente, la propia revisión Cochrane registra el impacto ambiental del desecho entre las razones por las que creció la inquietud por el amalgama (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067). En la práctica eso se traduce en separadores de amalgama y manejo de restos en el consultorio: afecta más al equipamiento de su clínica que a su boca, pero explica por qué muchos consultorios dejaron de colocar amalgama aunque el paciente lo pidiera.

Cuál elegir según el caso

Situación Qué favorece la evidencia
Restauración posterior grande donde el aislamiento es difícil (molar parcialmente erupcionado, niño, campo húmedo) La tolerancia del amalgama a la técnica imperfecta es real, y es justamente en ese escenario donde la Cochrane encuentra más diferencia a su favor (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067).
Zona visible o un paciente que no va a tolerar un diente plateado Composite. La diferencia de longevidad es riesgo de reintervención, no una urgencia, y la estética es un criterio clínico legítimo.
Diente con cúspide fracturada que hay que reconstruir Composite adherido (o restauración indirecta). El amalgama no vuelve a pegar una cúspide.
Hipersensibilidad documentada a metales o reacción liquenoide Material sin amalgama (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501) (Eneström et al., Int Arch Allergy Immunol 1995-03-01, PMID 7888781).
Cavidad oclusal pequeña, adulto, buen aislamiento Cualquiera. Pregunte cuál coloca más su odontólogo y cómo le van sus controles: la decisión operatoria pesa más que la marca del material.
«Quítame los amalgamas viejos por seguridad» Ninguna de estas revisiones respalda retirar restauraciones sanas por mercurio, y la retirada aumenta transitoriamente la liberación de vapor (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501). Se cambia lo que falla o filtra.

Ya existe un estudio que pone precio a la diferencia en lugar de adivinarla. Un análisis de consecuencias y costes de 2026 con datos del servicio nacional de salud inglés —que sintetiza una encuesta a clínicos, un experimento de elección discreta con valores del público y un modelado— comunicó que todos los desenlaces salvo la estética favorecían la amalgama en dientes posteriores permanentes de adultos: supervivencia dental a cuatro y doce años, una diferencia de valoración de los pacientes de 33 libras y costes a lo largo de la vida de 70 libras directas y 15 indirectas para los pacientes, 34 para el financiador y 83 para los clínicos. Su conclusión es que retirar la amalgama sin un cambio de fondo en cómo se presta la atención restauradora tendría implicaciones importantes para las personas más desfavorecidas y para la supervivencia del propio servicio dental (Bailey et al., Br Dent J 2026-07-01, PMID 42498765). Léalo como un hallazgo sobre sistemas de salud con un marco explícito (servicio público inglés, molares multisuperficie en adultos), no como una lista de precios estadounidense; pero es el único estudio de este artículo que cifra eso que los pacientes sienten como «el blanco cuesta más y aun así hay que cambiarlo».

Costo y seguro en EE.UU.

Colocar amalgama suele costar menos: menos minutos de sillón, sin sistema adhesivo, sin exigir aislamiento perfecto. El composite cuesta más en el arancel porque es tiempo y materiales, y —la parte que parece injusta— puede costar más a lo largo del tiempo en reintervenciones, que es exactamente lo que describe un RR de 1,89 (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067). En planes con período de espera para «básicos» o con un arancel de referencia basado en amalgama para molares («amalgam-based fee allowance»), la diferencia puede ir de decenas a un par de cientos de dólares por diente. Pregunte dos cosas concretas antes de empezar: cuál es el arancel de su plan para composite en diente posterior y cuántas superficies se codifican (D2140 amalgama de una superficie; D2330 dos superficies; D2391 tres o más superficies en composite posterior). Después, escuche la recomendación clínica y decida dónde quiere gastar la diferencia.

Supervivencia media de un empaste en diente posteriorAños, en los ocho estudios que cumplieron los criterios de inclusión de la revisiónAmalgama16 añosComposite11 años0años20
Fuente: Bhagwat S, Mandke L, Vandekar M, Basmatkar N, Pawar A, Khatri R, Cureus 2025, PMID 40873828: revisión sistemática de ocho estudios publicados entre 2003 y 2023 que compararon la longevidad de empastes de amalgama y composite en dientes posteriores permanentes de adultos. La revisión también dice por qué fallan: la caries secundaria fue la causa más frecuente de fallo del composite y la fractura el motivo principal de sustitución de la amalgama. Una fuente, una unidad (mediana en años). La diferencia es el rango de unos estudios heterogéneos, no una promesa sobre su empaste.

Lo que la evidencia NO respalda

  • Que las amalgamas causen enfermedad sistémica crónica: la revisión toxicológica no encontró evidencia convincente más allá de la hipersensibilidad, al tiempo que reconoce lagunas de investigación (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501).
  • Que los composite modernos equivalgan al amalgama en cualquier situación posterior: en las síntesis citadas, no.
  • Que retirar amalgamas sanas mejore marcadores de salud; además hay que quitar estructura dental sana para hacerlo.
  • Que «sin mercurio» signifique automáticamente «restauración más segura»: se cambian unos riesgos por otros (caries secundaria, sensibilidad a la técnica) (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).
  • Cualquier afirmación de marca. Estas revisiones comparan materiales y escenarios, no niveles de marketing.

Preguntas frecuentes

¿El amalgama es seguro? La evidencia revisada dice que se libera y absorbe mercurio, que la concentración urinaria se correlaciona con el número de superficies y que no se ha demostrado un efecto adverso convincente además de la hipersensibilidad en algunas personas (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501). Con alergia a los metales, la respuesta cambia para usted.

¿Los composite duran igual? En la evidencia agrupada para molares permanentes, no: más fallas, RR 1,89 (IC 95% 1,52–2,35), con calidad baja (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067); el metaanálisis de 2015 encontró menor longevidad y más caries secundaria (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).

¿El composite rompe más el diente? No se encontró diferencia significativa en fracturas en el metaanálisis citado (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).

¿Es verdad que el amalgama exige tallar más? Sí: la preparación convencional necesita forma de retención; el composite, al adherirse, permite preparaciones más conservadoras.

¿Conviene quitar amalgamas viejas? Si la restauración está intacta y sin síntomas, ninguna revisión lo respalda por razones de mercurio, y retirar aumenta transitoriamente la emisión de vapor (Brownawell et al., Toxicol Rev 2005-01-01, PMID 16042501). Si filtra, está fracturada o hay caries en el borde, cámbiela — y entonces elige el material.

¿El seguro paga menos el composite? En molares es frecuente que pague el arancel del amalgama cuando la resina se elige por estética y la diferencia queda a su cargo. Pida el arancel por escrito antes de la cita.

¿Y en niños? Buena parte de la muestra del análisis Cochrane son niños (921 en los dos ensayos paralelos), el escenario donde la humedad más pasa factura al material adherido (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067). En un primario muy destruido, la respuesta correcta puede ser una corona de acero o un sellador, no una discusión entre materiales.

Glosario

  • «se me cayó el empaste» ↔ falla de la restauración: paraguas que incluye fractura, desprendimiento, pérdida de retención, caries en el margen y desgaste. En Cochrane el resultado primario fue esa falla compuesta, y el RR 1,89 la describe a ella, no a un solo mecanismo (Rasines Alcaraz et al., Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01, PMID 24683067).
  • caries secundaria ↔ nueva caries en el borde de una restauración existente: donde el metaanálisis encontró ventaja del amalgama (Moraschini et al., J Dent 2015-09-01, PMID 26116767).
  • oclusal / MO / MOD ↔ número de superficies, que determina el código y casi siempre el precio.
  • aislamiento con dique ↔ mantener el campo seco: la variable que más pesa del lado del composite.
  • RR e IC 95% ↔ 1,89 (1,52–2,35) significa que el riesgo de falla del composite quedó entre 1,5 y 2,4 veces el del amalgama en los estudios analizados.
  • calidad de evidencia baja ↔ grado Cochrane: el cálculo es poco fiable, no inútil ni invertido.

Para seguir leyendo en este sitio: si de verdad hace falta ese empaste, qué dice la evidencia sobre el flúor del agua y si hay que tratar los dientes de leche.

Cómo se hizo esta página

Fuentes elegidas por comparación directa: la revisión Cochrane para evidencia aleatorizada sobre falla; el metaanálisis de 2015 para longevidad y caries secundaria con diseños más amplios; y la revisión toxicológica de 2005 para el mercurio, porque es el tipo de documento que argumenta los dos lados (liberación y correlación con mercurio urinario demostradas; ausencia de daño convincente salvo hipersensibilidad; lagunas declaradas). Los datos bibliográficos de la lista siguiente se obtuvieron y verificaron de forma programática en Europe PMC, no de memoria.

Qué no puede decirle: si su cavidad admite un buen aislamiento (eso es criterio de sillón), cuánto durará su restauración según su higiene, su dieta y su bruxismo, si el amalgama del 30 filtra, ni qué pagará su plan. Puede decirle que la elección es un intercambio entre durabilidad, conservación y estética, que en la literatura revisada el debate del material no es un debate de seguridad, y que un odontólogo que no puede explicarle ese intercambio le está decidiendo en lugar de decidir con usted.

Este texto resume investigación publicada solo con fines informativos. No es consejo médico ni dental y no sustituye el examen de un odontólogo con licencia. No mande retirar ni colocar restauraciones por lo que leyó en internet, y consulte pronto ante dolor al morder, tumefacción o un diente fracturado.

Fuentes

Evidencia revisada por pares

  • Rasines Alcaraz MG, Veitz-Keenan A, Sahrmann P, Schmidlin PR, Davis D, Iheozor-Ejiofor Z. Direct composite resin fillings versus amalgam fillings for permanent or adult posterior teeth. Cochrane Database Syst Rev 2014-03-01;:CD005620. doi:10.1002/14651858.cd005620.pub2 · PMID 24683067 · cited by 79 (Europe PMC)
  • Moraschini V, Fai CK, Alto RM, Dos Santos GO. Amalgam and resin composite longevity of posterior restorations: A systematic review and meta-analysis. J Dent 2015-09-01;43(9):1043-1050. doi:10.1016/j.jdent.2015.06.005 · PMID 26116767 · cited by 132 (Europe PMC)
  • Brownawell AM, Berent S, Brent RL, Bruckner JV, Doull J, Gershwin EM, Hood RD, Matanoski GM, Rubin R, Weiss B, Karol MH. The potential adverse health effects of dental amalgam. Toxicol Rev 2005-01-01;24(1):1-10. doi:10.2165/00139709-200524010-00001 · PMID 16042501 · cited by 65 (Europe PMC)
  • Eneström S, Hultman P. Does amalgam affect the immune system? A controversial issue. Int Arch Allergy Immunol 1995-03-01;106(3):180-203. doi:10.1159/000236843 · PMID 7888781 · cited by 65 (Europe PMC)
  • Al-Sulimmani W, Al-Rasheed A, Al-Daraan H, Al-Mutairi M, Brahmbhatt Y, Al-Hazmi H, Al-Qaderi H. Failure Risk of Composite Resin and Amalgam Restorations: A Systematic Review and Meta-Analysis. Int Dent J 2025-08-01;75(4):100871. doi:10.1016/j.identj.2025.100871 · PMID 40578032 · PMCID PMC12246595 · open access · cited by 3 (Europe PMC)
  • Santos M, Saadaldin S, Rêgo H, Tayan N, Melo NM, El-Najar M. Clinical Longevity of Complex Direct Posterior Resin Composite and Amalgam Restorations: A Systematic Review and Meta-analysis. Oper Dent 2025-09-01;50(4):E30-E46. doi:10.2341/24-007-lit · PMID 40458903 · cited by 3 (Europe PMC)
  • Ülkü SG, Ünlü N. Short-term clinical success of posterior amalgam and composite restorations in public dental care: a multicenter retrospective study. BMC Oral Health 2026-04-01;26(1):1077. doi:10.1186/s12903-026-08208-7 · PMID 42032607 · PMCID PMC13281570 · open access
  • Barhan FS, Tezel H, Ozkaya CA, Kose T, Kayrak G. The evaluation of dentists’ stances concerning resin composite and amalgam as restorative materials. BMC Oral Health 2026-01-01;26(1):100. doi:10.1186/s12903-025-06988-y · PMID 41527055 · PMCID PMC12805750 · open access
  • Nassar R, Chackartchi T, Doron H, Mann J, Findler M, Tobias G. Use of Amalgam and Composite Restorations Among 12-Year-Old Children in Israel: A Retrospective Study. Biomimetics (Basel) 2025-12-01;10(12):833. doi:10.3390/biomimetics10120833 · PMID 41439902 · PMCID PMC12730884 · open access
  • Bailey O, Ternent L, Stone SJ, Vernazza CR. Amalgam versus composite restorations: a cost-consequence analysis. Br Dent J 2026-07-01;241(2):128-134. doi:10.1038/s41415-026-9797-1 · PMID 42498765

Cada registro bibliográfico fue obtenido y verificado de forma programática en Europe PMC (autores, revista, volumen, páginas, DOI, PMID, citas). Las afirmaciones de cobertura y regulación provienen de los documentos citados, con sus fechas; contrastelos con la versión vigente antes de decidir con ellas. Este texto no es consejo médico ni dental.

Esta entrada fue publicada en Blog. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *